martes 10 de noviembre de 2009

ko-han

Obscenidades en el baño. Breves notas sobre Ciencias morales de Martín Kohan.


cinco.
¿Qué dicen las postales del hermano? Como mucho: “No logro compenetrarme”. Reiteran su mensaje, dicen poco, progresivamente nada. Dicen su nombre: la distancia, la ausencia, pero también (y por ello mismo) son la manifestación de la atmósfera, del conflicto.

seis.
Hablar implica, al mismo tiempo y paradójicamente, la delación o el encubrimiento y la complicidad. No hay término medio y hasta el silencio se cubre de sospechas:

(…) Por una parte teme, y no sin motivo, que si se queda callada los alumnos puedan pensar que ese silencio es complicidad, porque ellos saben que ella sabe. (…) Pero por otra parte advierte que lo que el señor Prefecto está buscando no es solamente determinar quién fue el que se rió, sino algo más, algo más profundo y también más trascendente: que el que fue lo confiese, o que un compañero del que fue lo denuncie. (40)
Definir el bando, precisar la forma, el cuerpo de la subversión, del delito. La lógica de la tortura.

nueve.
Volvemos. María Teresa como un nuevo Bartleby, aunque dentro de otra escena y con otras implicancias. Aquí la no acción es, también, intervención.

Es la primera vez que quisiera faltar al colegio. Por supuesto que no considera seriamente esa posibilidad, va a ir al colegio y lo sabe, pero es la primera vez que preferiría no tener que hacerlo, que le gustaría alejarse un poco de ese mundo. (74)

diez.
La pertenencia tantas veces exaltada del Colegio Nacional a la historia se hace manifiesta en lo real mediante las marcas, las ruinas:

Alguien escribió en esa puerta alguna vez (…) con un método más drástico, con la ambición de lo indeleble, algo cercano al grabado o a la talladura (…) De nada sirvió: el remedio administrado por las autoridades del colegio consistió en pintar otra vez las puertas, emparejando así de nuevo la superficie de la madera herida, y suprimiendo para siempre la existencia de la leyenda que alguien alguna vez inscribió. Lo que se dice una solución expeditiva: una mano o dos de la misma pintura verde y lo escrito desaparece para siempre. (85)

Marcas que el tacto (y la ignorancia o inocencia) de María Teresa no consigue comprender, aunque para ella alcance con leer “muerte” para retroceder. Evidencias de que allí hubo algo (“patria o muerte” “Perón o muerte”), de que la historia no es uniforme, y que por lo tanto su escritura tampoco. Escena similar al comienzo de Facundo: escritura apresurada en territorio enemigo, ajeno. Lo obsceno de todo relato (lo que quedó fuera de escena, de la toma de la escena) es tal vez lo más significativo porque, si el punto de vista crea al objeto, lo que éste desestima brinda otra versión acerca de ese mismo objeto y, además, del punto de vista que restringe, reprime.

once.
La narración de cada capítulo parece seguir un esquema general: María Teresa en el Colegio, desempeñando su rol de preceptora (tanto en las aulas, en el claustro como, posteriormente, dentro del baño de varones), los intercambios con los alumnos (Baragli, de modo obsesivo) o con el señor Biasutto, su llegada a casa y el breve intercambio con la madre, la “aparición” de Francisco (una postal, una llamada). Sería empobrecedor reducir el texto a tal estructura, pero resulta operativo al momento de distinguir dos hechos: la dualidad de María Teresa – Marita (ambivalencia de toda inocencia) y el carácter fragmentario de la narración. Es esta construcción por secuencias (en tal sentido, similar a una composición minimalista) la que impide dotar de un aspecto totalizador y lineal-cronológico al texto, al estar construido éste por planos distintos, superpuestos o apenas separados que, en todo caso, reiteran u omiten ciertas zonas. Con esto, Ciencias morales es otra de las posibles respuestas a la pregunta angustiante “¿Cómo narrar el Horror?” Desde el silencio, desde el fragmento, desde los blancos: eufemismos, todos, de la muerte:

Pero eso es lo que pasa, sin que nadie note nada: las demás cosas de la vida persisten en su canal habitual. El mundo restante, el mundo de los otros, no se altera por lo que ha pasado: no se descompone, no se desintegra, sigue su curso. Ninguna clase de radiación, aunque invisible y de fuente ignorada, lo tuerce o lo altera. La asombra esa cierta garantía de la continuación de lo mismo. La sorprende que no haya al menos una leve turbación inexplicable sobre las realidades ajenas, por más que nadie sepa nada ni tenga manera de enterarse. (211.212)

*

viernes 6 de noviembre de 2009

niños




(03.46 p.m.)
el otro día me pasó algo triste
le saqué unas fotos a unos niños que hacen
malabares

estuve como una hora con ellos, cruzamos a la playa porque había
ballenas super contentos los niños
jugaban con la camarita

y cuando a la semana les llevé las fotos estaban chochos
y estábamos hablando y le pregunto a uno "qué te gustaría ser cuando seas grande?"
y me responde piloto de aviones y fabulaba y era genial
pero cuando le pregunto a la nena, (doce años, tenía)
me mira y me dice "FELIZ"

casi me muero



texto de lucía muraca
dibujo de j.c.

miércoles 4 de noviembre de 2009

sebastián hernaiz

.
Lectura

Para mañana despertar temprano, por eso de ir a trabajar,
la noche ya nos tiene hace largo rato acostados.
No dormimos, sin embargo, y le leo a mi chica
un poema. Sin importar de quién,
elijo un libro de una fila que se extiende al borde de la cama. Contra la pared,
libros apoyados en el piso que se hizo biblioteca al lado del colchón:
no sé qué poema leeré, qué poema le leeré, alguno corto,
alguno corto parece lo mejor. ¿Para qué se le lee un poema a una chica,
en la cama, siendo tarde y que mañana hay que ir a trabajar?
Después de escucharlo, me abraza y no dice nada. Su piel desnuda
me da calor, así, acurrucada, y sé que cierra los ojos, que quiere dormir.
Yo sigo leyendo los poemas del libro cualquiera. Pero pierden gracia ahora
y los ojos empiezan a pesar, el velador encandila
y las letras adquieren un volumen difuso. De pronto
creo tener el tono de un poema. Pero dejo el libro
abierto boca abajo, apago la luz, y me duermo abrazado.

.
Separación (I)

Y ahora qué hago con las cosas
como la forma en que guardabas las galletitas
para que no se me humedecieran, con la forma
en que cuidabas que hubiera siempre
agua en la heladera. De sed se agrieta el mundo:
el agua tibia de la canilla deshidrata, me seco
ahora, con las botellas tiradas en cualquier lado,
las galletitas humedeciéndose porque no sé,
no sé. Me evaporo.
Una chica tiene que ser muy linda
para saber guardar con gracia galletitas.

.
Separación (II)

Cuando la conocí dejó de fumar
y yo dejé de comerme las uñas. Ahora
pienso que yo fumé cada vez más. Ella no,
no se comía las uñas nunca, pero algún vicio tendría
por más perfecta que la recuerde. Ahora descubro,
después de años de comerme las uñas,
y después de dos años sin comérmelas,
después de dos años en que ella
me agarraba de las manos
y me las cortaba con cuidado, mirándome feliz,
ahora sé, descubro lo fácil que es cortarse solo
las de la mano izquierda, lo difícil
de cortar
solo las uñas de la derecha.
Hay cosas que uno se da cuenta cuando extraña.

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Sebastián Hernaiz se presentará junto a Juan Diego Incardona este virnes 6.11 en la Fac. de Humanidades, circa 19 hs.

sábado 31 de octubre de 2009

el profesor

el profesor pone sus amonestaciones


un problema menos,

que acá no / que se vaya a otro lado
que acá no / que se vaya a otro lado
repite indignada la directora

“Cocaína” / “pedía a gritos ayuda” / “Internarlo”
(prosodia remarcada: “in-ter-nar-lo”)

Ni el uniforme traía
Y yo que me doy cuenta por cómo me contestaba

¡afuera!
(prosodia: ¡a-fu-e-ra!)

qué vamos a hacer
yo cuando empecé también era como vos
no vale la pena
ya vas a crecer y te vas a dar cuenta
esto no te tiene que preocupar,
nada
esto no tiene porqué preocuparte,
tranquilo

¿vivís con tu novia?
menos mal, comprar comida para dos-.
bueno, ¿algo más?


comía su medialuna,
y limpiaba las migas sobre los papeles
y
yo no entendía cómo tenía hecho el nudo de mis cordones
ni por qué los tenia desatados,
si antes de entrar estaban bien

claro,
afuera.

martes 27 de octubre de 2009

hogar

- Debajo de la casa, debajo nuestro, están los muertos.
Nuestros muertos, hijo.

i.
pequeña patria,
espacio quieto:
un hogar
un lugar

ii.
la tierra y
sus muertos
(la unidad presupone el dos)

los juguetes viejos, des-hechos
r o t o s p e r d i d o s
y el olor a puchero de la abuela

paseos bajo el sol de verano
despedidas de una mano alegre en alto
de madres en la puerta de la escuela

recuerdos
imágenes / escenas / fotografías dispersas, descoloridas
territorios de unidades y objetos perdidos
dibujos
(…) .
el frío de todo invierno

(dicen que
el invierno no es largo, sino hondo)

iii.
Sustancia: suelo, pueblo.
Sustancia: lo que está abajo y nos sostiene y alimenta.

(…) .
No pasa nada y llega la muerte

iv.
resignación solitaria
reasignación de cartografías pasadas,
ya ajenas
ya ajadas


fin.
Salir y romperse el cordón en la cabeza.
(a veces, alejarse de casa, de los muertos, del suelo
se hace impostergable.
Inventar la distancia, y la decisión.
Mentirse)